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El arquero de fútbol

El arquero de fútbol

Joel Andriancich, entrenador de arqueros divisiones inferiores de Ferro realiza una síntesis de los cambios en la posición que ocupa el jugador bajo los tres palos.

El puesto de arquero, a lo largo de la historia fue ninguneado, poco desarrollado y exigido desde una perspectiva vulgar en la que solo se juzgan sus intervenciones con la parte del cuerpo que lo caracteriza: las manos. Pero lo que yo llamo "La Metamorfosis del arco” llego para quedarse y elevar la vara a los profesionales (tanto arqueros como entrenadores de arqueros).

   Sé que desde que está leyendo estas líneas se preguntara a que me refiero con este término, y paso a expresar lo que para mí fue un cambio radical en el desempeño de los arqueros, y como consecuencia del juego en general. El arquero en un principio era un jugador que ocupaba los límites internos del área penal, sumamente protegido e indiscutido en el área chica, a tal punto de ser casi inimputable en cualquier acto que este realizara. Un buen arquero era aquel podía defender el arco, sacar pelotas magistrales y poseía velocidad de reacción digna de un felino, y hasta ahí llegamos.

    Pero como todo, cambia, se transforma y evoluciona podemos hablar de una metamorfosis del puesto, en la que además de todo lo antes desarrollado comienzan las exigencias en lo que se refiere a la participación del juego en ataque. Desde que el juego del fútbol se desarrolló el arquero era considerado el último defensor y nunca se le habían atribuido exigencias en ataque, hoy eso se transformó. No fue un cambio de un día al otro, sino que en un principio se empezó a considerar al arquero como un buen recurso para saltear líneas y jugar en el área rival y como un excelente asistidor sin riesgos de entregar el balón al rival.

   Hoy el arquero es considerado para los directores técnicos que tienen una visión de juego más participativa, en la que se busca sumar pases, y en la que la preponderancia de la técnica y la táctica están sobre las cualidades físicas y las individualidades, un jugadores más en ataque, que participa en la salida, es recurso en situaciones de apuros de los defensores y mediocampistas, y su pegada siempre orientada busca no dividir el balón sin comprometer al equipo.

   Pero esto no es solo una “Metamorfosis” conceptual, sino que lleva aparejada una manera de trabajar, de entender el juego y de desarrollar a nosotros como educadores del movimiento especializado nuestras prácticas para llegar al desarrollo óptimo de estas nuevas exigencias. Tal es así que nuestra semana de entrenamiento incluye: salidas con los pies, rechazos direccionados, perfiles defensivos para un correcto anticipo del juego, situaciones problemas de resolución rápida emulando lo que pasa durante el juego. Y no solo esto, trabajamos para convencer a nuestros arqueros que no hay otra forma de ver el puesto que no sea la antes descripta, para elevar las exigencias y mejorar el nivel.

   La metamorfosis del puesto fue un proceso llevado a lo largo de años, debido a las exigencias del juego actual, pero como cuando la oruga se vuelve capullo y luego mariposa, la “metamorfosis” es irreversible y no podemos evitarlo.

 

Fuente: http://adrianbianchidt.blogspot.com.ar/2017/03/el-arquero-de-futbol.html

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