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La Decisión


 De haber estado solo le hubiera dado un beso en la frente. Aunque no fuera él quién despedía al otro sino al revés. Pero eran unos cuantos, todos juntos; quedaba mal. Porque además no tenía la misma afinidad con unos que con otros. Nada raro. Todo bien. Lo que pasa en los grupos.

  Sabía que en la vida hay momentos en los que se debe tomar una decisión. Drástica o no, el hombre debe decidir su futuro. Hacer su camino. Y él ya lo tenía claro. Era arriesgado pero era una obligación. Era verdad que muchos otros en su misma situación elegían la más fácil. Ni se movían. No reaccionaban. Porque había que tener valor para ir. Más que valor, temple. Creo que esa es la palabra justa. Temple une valor y coraje con la frialdad que se necesita en esos casos. Porque inclusive no estaba solo. Eran varios, muchos, miles los que esperaban que lo haga. Y sin dudar. Porque la duda es lo peor. La duda te deja a mitad de camino. La duda es la muerte. Y ya estaba cansado de que se lo dijeran. Desde los dieciocho que lo escuchaba. Estaba cansado de esa frase. Quería no escucharla más en su cabeza. Como una voz interior que pugnaba por marcar su destino. Pero su destino ahora era salir y enfrentarse con el problema. Darle lucha. Decirle "acá estoy". Gritárselo. Y que lo escuchen todos. Inflar el pecho y que quedarse con el futuro en sus manos. Ahí tenía su futuro exactamente. En sus manos. Lo sabía.

  -Vos conoces a Estela y las nenas, si me pasa algo cuidalas por favor...

  -Quedate tranquilo que todo va a salir bien.

  -Cuidalas y deciles que siempre las quise mucho... que me cambiaron la vida...

  -Bueno, dale.. yo me ocupo.

  -Y fijate que tengo una plata por cobrar... es todo para ellas, ¿sabes?

  -Ok

  -Y a la vieja decile que nunca me voy a olvidar de la crianza que me dio... que todo lo que hizo para que tuviera un futuro... ¡pobre vieja!

  -¡No llores che! Todo va andar bien...

  -Si, claro, pero vos sabes que ahora son maliciosos, ¿no?

  -Claro, los de antes eran otra cosa... ya lo se. Y todos lo saben. No te hagas más la película.

  Y ya no hubo más tiempo para palabras. De hecho nunca habían hablado tanto pese a la cercanía del trabajo. Se podría decir que cumplían la misma función de diferente modo. Con otras herramientas.

  -¿Estás listo?

  -Sí.

  -Es ahora. ¡Suerte!

  -Gracias hermano, vos cubrime la espalda. Nos vemos allá adelante si tenemos suerte.

  Y se ajustó los guantes, se subió los pantalones cortos y salió corriendo en busca de ese centro que ya estaba en el aire con ganas de caer en el área. Allá fue, arriesgado y decidido, a entreverarse con la multitud que tenía por delante. A los saltos y con los brazos abiertos hasta que se perdió debajo de la ola humana. La decisión estaba tomada. Fue nomás a cortar un centro.

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