Noticias

Persevera y triunfarás

Persevera y triunfarás

Paulo Gazzaniga, el arquero que llegó a Inglaterra con 50 euros y se ganó un lugar en el Tottenham

Surgido de una familia donde es tercera generación de arqueros, Paulo Gazzaniga es uno de los once argentinos que atajan en una de las cinco ligas más importantes de Europa. Si bien con el buzo de Tottenham disputó un solo partido, su historia es particular por el ascenso fugaz que tuvo desde la Cuarta División de Inglaterra hasta la Premier League, luego de pasar por varias adversidades que le dejaron muchísimas enseñanzas.

Esta es la historia de un hombre que a los 18 años abrazó una aventura y se fue a un país que desconocía con apenas 50 euros en los bolsillos.

Para hablar de los Gazzaniga, hay que hablar de Murphy, un pueblo ubicado a 156 kilómetros de Rosario. Allí nació casi con los guantes puestos. Es que papá Daniel Eduardo atajó en River (nunca en Primera), Instituto de Córdoba, Deportivo Maipú y Villa Dálmine.

"Desde el primer día que lo vi atajar, me gustó tanto lo que hacía que quise ser arquero. En lo que más me fijaba era en la vestimenta, porque siempre son los distintos que pueden agarrar la pelota con la mano. Así que desde chiquito siempre me gustó ser el distinto", es claro Paulo al charlar con Clarín, teléfono de por medio, luego de un entrenamiento de Tottenham.

Con el oficio en la sangre, heredó el puesto también gracias a su abuelo. "Por desgracia nunca lo pude llegar a ver. Él jugaba en el pueblo y todos siempre me hablan maravillas de él. Dicen que era un arquerazo. De la zona, lo mejor", resume.

Paulo se inició en el Centro Recreativo Unión y Cultura, único club de fútbol del pueblo, y tuvo un breve paso por Las Palmas, en Córdoba, cuando su papá fue a atajar a aquella provincia. Pero a los 15 años le llegó la oportunidad que le cambiaría su vida.

Luego de la separación de sus padres, su viejo eligió emigrar a España y un año después les propuso a sus hijos Paulo y Gianfranco irse con él. Y ellos no dudaron. "Le dijimos que sí encantados. Después de un año haciendo papeles, pasaporte y todas esas cosas nos fuimos para Valencia". recuerda.

En plena adolescencia y en un país totalmente nuevo, optó por seguir calzándose los guantes y tapando pelotas del otro lado del Atlántico. "Cuando llegué estuve en el club Torre Levante, en un equipo de juveniles desde los 15 hasta los 18. Los dos primeros años jugué en Torre y después me fichó el Valencia para su academia", rememora.

Allí, en el club donde brillaron Mario Kempes, Claudio López y Pablo Aimar, no la pasó bien. "En Valencia no tuve muchos minutos; ellos no contaban conmigo. En el equipo había tres arqueros y eso es mucho para un equipo juvenil", dice. Pero lo que vivió le dejó varias enseñanzas, que lo ayudaron a crecer y a seguir por una senda que lo catapultó al profesionalismo.

"Esa experiencia me sirvió porque te vas armando, te vas haciendo hombre, por así decirlo. Porque uno no juega y eso te hace sentir mal, pero todo sirve para madurar y tener la cabeza en un lugar. Yo sabía que teniendo la cabeza en su lugar iba a sufrir, porque el futbolista sufre, pero con trabajo, esfuerzo y humildad se llega. Así que hoy sigo en la misma línea", resume.

Con el pase en su poder después de que Valencia lo dejara libre a los 18 años y con una ilusión intacta para continuar su sueño de ser un arquero profesional, Paulo tomó la decisión de irse a unas tierras desconocidas para los futbolistas argentinos: la League Two, la Cuarta División del fútbol inglés.

"Me quería un club de Valencia, que estaba en la Tercera División, pero también había una posibilidad de irme a probar al Gillingham de Inglaterra. Cuando me presentaron las dos opciones, ni lo pensé, porque sabía que ir a Inglaterra era abrir una puerta mucho más grande", cuenta quien tomó vuelo hacía las islas británicas. "Agarré mi bolsito, mi par de botines, mi par de guantes y me fui a la aventura, con 50 euros en el bolsillo", describe Gazzaniga.

De Valencia a Gillingham lo separaban 1.783 kilómetros...y un idioma. La barrera que le puso el inglés le hizo muy difícil la adaptación en el club del condado de Kent. "Los primeros meses yo no hablaba inglés y se me hicieron muy difíciles. Te agarra mucha impotencia al no poder comunicarte ni hablar con los compañeros que ves todos los días y a quienes ni siquiera les podés hacer una broma. Para colmo, en el vestuario eran todos ingleses, así que me tocaba aprender o aprender", recuerda sobre su etapa en los Gills.

Al no tener casa propia ni dinero para comprar una, el club contrató a una señora que tenía habitaciones libres para que lo hospedara. "Vivía con una señora que tenía dos piezas y el club la había contratado para tenerme. Trabajaba en la limpieza del club: cocinaba, lavaba la ropa, hacía de todo... Era como una segunda madre", la describe.

Así fue como con el tiempo la historia cambió. "Al cabo de algunos meses, me hice amigo de algunos compañeros, que me invitaban a sus casas o salíamos a hacer algo porque sabían que yo estaba viviendo solo. Entonces, para sacarme de la rutina, me invitaban a comer o a ver algún partido. Estando solo no había mucho para hacer más que tomar mate", recuerda.

Con 22 partidos en Gillingham, en ocho de los cuales no recibió goles, Gazza llamó la atención del Southampton de la Premier League. El equipo dirigido por Nigel Adkins lo fichó por un poco más de tres millones de euros. "Cuando llegué a la Premier era todo diferente: el ritmo de la pelota, el ambiente, todo cambia. Se magnifica todo más. La verdad es que pasar a la Premier fue un sueño", cuenta con aires de sinceridad.

Después de malos resultados, Adkins dio un paso al costado y llegó Mauricio Pochettino a la dirección técnica del equipo del sur de Inglaterra. Aunque Gazzaniga y el entrenador argentino son del mismo pueblo, no tenían relación. Increíble.

"Nunca lo había visto en el pueblo. Cuando volvía luego de alguna temporada, sólo se llegaba a ver su auto, pero nada más. Sinceramente, antes de coincidir en Southampton, no nos conocíamos personalmente", asegura. Coincidencias o no de la vida, con Pochettino en el banco de suplentes, Gazzaniga atajó 23 partidos entre la Copa de la Liga y Premier League, entre 2013 y 2016.

Pese a estar en una liga top, la continuidad que tenía no era la deseada. Por eso Southampton optó por mandarlo a préstamo a Rayo Vallecano, de Madrid, donde atajó 34 partidos y no recibió goles en 12 encuentros. Pese a su buen rendimiento, el equipo se quedó estancado en la mitad de tabla, pero para Paulo fue un gran año.

"Ir al Rayo Vallecano fue muy importante. Ahí me volví a sentir arquero otra vez. Tuve la posibilidad de volver a jugar varios partidos, aunque tampoco empecé muy bien, tengo que ser honesto. Con la confianza de los compañeros y de los entrenadores me fui sintiendo más cómodo. Para mí fue un buen año y tengo muy lindos recuerdos de ahí", explica.

El destacado nivel que mostró fue tal que Pochettino volvió a confiar en él. Pero la vuelta no fue a Southampton. El entrenador de Murphy había sido fichado por Tottenham y entre los primeros refuerzos para esa temporada apareció el nombre de Paulo Gazzaniga, que pasó de jugar en la Cuarta División y en estadios para 3.000 personas en 2011, a ponerse el buzo de uno de los diez mejores equipos del mundo.

"Tottenham es un club gigante, que está en continua evolución y creciendo siempre. Eso fue lo primero que me llamó la atención. Apenas llegué, en la ciudad deportiva todavía seguían construyendo cosas. En ese momento, dije: ‘Esto es grande’", afirma.

Aunque llegó de la mano de Pochettino, en el equipo se encontró con dos competidores por el arco con un nivel de elite: Hugo Lloris, capitán y luego campeón del mundo con Francia en Rusia 2018, y Michel Vorm, el veterano arquero holandés que fue subcampeón en Sudáfrica 2010 y se subió al podio en Brasil 2014.

Así fue como sólo pudo atajar en un solo partido de la Premier League desde su llegada al equipo londinense. Fue el 5 de noviembre de 2017, contra Crystal Palace, en Wembley.

"Recién el día anterior me avisaron que iba a jugar porque se había lesionado Hugo (Lloris) y estábamos entrenándonos Michel (Vorm) y yo. Pero él se lesionó en la última práctica y ahí supe que me tocaría. Mantuvimos el arco en cero con mis compañeros y todos los recuerdos que tengo de ese partido son muy lindos", se aviva al contar.

Pese a que no tiene la continuidad que un arquero podría desear, demostró en los clubes donde estuvo que con su aprendizaje constante, tarde o temprano terminará haciéndose de un lugar en el área chica. La clave de Paulo Gazzaniga fue, es y seguirá siendo el trabajo, es esfuerzo y la humildad.

 

Fuente: www.clarin.com

Comentarios