Buzeando a Olave

Olave le abrió el placar a Día a Día para mostrar sus buzos. Explicó su vínculo con Rodrigo, cuyo rostro lleva en el pecho. “Fue un homenaje”, contó. Y admitió: “Si no tengo ese buzo, algo me falta”.

Juan Carlos Olave de pie en el living de su casa. Mira en cámara lenta como si estuviera dentro de un sueño y no hubiera más nadie a su alrededor. Han pasado 13 años desde que él y Rodrigo Bueno, su primo, salieron juntos a la cancha. El hombre verborrágico, ahora sin palabras. El arquero del ascenso, ahora sin reflejos. El tipo que repartía diarios por los barrios, ahora inmóvil. Sólo sus ojos se conectan con los del Potro, desparramadas en un puñado de camisetas en una mesa cuadrada, color marrón oscuro. Piensa. Algo lo sacude. Algunos hombres lloran con una sonrisa. Olave es uno de esos.

El mediodía del sábado en barrio Jardines del Valle se prende fuego. Por unas escaleras sin baranda baja Olave, arquero de Belgrano y referente. En un rincón, todas juntas, esperan las camisetas que ha usado el 1. Pero tienen un rasgo distintivo: llevan la imagen del mítico cantante Rodrigo Bueno, quien falleciera en 2000.

Entonces Juanca retrocede en el tiempo, como cuando destrozó los esfuerzos de River y Pavone por no descender en 2011. Ya hablará de aquel penal que le reventó el pecho y dio en la cara del Potro. Para tipos como Olave, todo llega, pero hay que aprender a esperar.

“Me quedo con la energía que tenía, lo que contagiaba Rodrigo. Un tipo positivo que iba para adelante, chocaba, se golpeaba y se levantaba”, le cuenta el portero de 37 años a Día a Día. Y sigue: “Brindaba alegría, tenía una chispa y carisma especial. Era auténtico y no sólo arriba del escenario, así era en la calle”.

A su lado, Ariana, su esposa, ceba mates como si jugara cortito y al pie. Juanca chupa la bombilla y cuenta el principio de la historia. “Un día caminando por la peatonal de calle Florida (Buenos Aires) veo un buzo con la foto de él con la frase “No me olvides”. Yo no tenía plata y pedí prestado. Me salió 12 pesos. Pasa que Belgrano ya jugaba con su imagen en el pecho, pero no había una para el arquero”, recuerda. Después, contó con la complicidad de los utileros Oscar Díaz y Hugo Colchi quienes “le pintaron la marca”.

Juanca ya había debutado un 19 de agosto de 2001 ante Boca, en la Bombonera, con triunfo Pirata 3-1 y con Carlos Ramacciotti como DT. Aquella vez Olave jugó con una camiseta blanca. Pero no iba a durar. En la 15ª fecha, ante Talleres, un jovencito Olave la estrenó y ya nunca más volvería a salir sin el Potro.

“Fue un homenaje que yo le estaba haciendo a Rodrigo. Mi identificación es esa, por eso la llevé a otros clubes. Es parte de mi camiseta. Si no tiene la imagen, está vacía y no me siento a gusto”, confiesa quien lleva 275 partidos en el arco de Belgrano.

–¿Si salís sin el rostro de Rodrigo “algo” te falta?

–Sí, eso es lo que me pasa. La imagen de Rodrigo es una identificación. Yo soy especial con la ropa. Al pantalón del ascenso contra River lo usé dos años seguidos y a las medias, hasta que no den más, también las gasto.

La trayectoria del ex Las Palmas lo encontró siempre con la imagen del artista. “No fue sólo por el lazo de sangre; yo lo admiraba como cantante”.

Compararlos sería un error, forzar al vicio. Pero Juanca admite una identificación con él. “Era un poco loco ¿no?, típico de sangre, viene de familia”, dice y larga una carcajada que rompe con la siesta. “Me gustaba la música que hacía, lo que despertaba en la gente”.

–¿Te reflejás en algo con tu primo Rodrigo?

–En la lucha. Sé que Rodrigo no fue sólo el del último año. Rodrigo fue a los 15 años a Buenos Aires y la luchó allá. Tocó en Córdoba en lugares para treinta personas y lo hacía igual. Era amor por lo que hacía. Le ponía pasión y amor a su don. Una vez fueron a verlo treinta personas y devolvió la plata de la entrada. Eso sólo lo hace uno que ama lo que hace…

Y él también se sintió así. Cuando Kika, su madre, y su suegra, Mari, le cosían las camisetas imitando los modelos de Navarro Montoya.

–¿Cómo Rodrigo cantaba, vos jugás?

–No sé. Él cantaba mejor. Pero me identifico en la pasión por lo que hacía. Yo por el fútbol. Cuando vos querés algo, lo defendés, es un poco de familia. Él era hincha de Belgrano y salió a gritarlo a los cuatro vientos y eso que a muchos artistas no dicen porque les resta público.

Nada es gratis. Olave debutó a los 24 años y cuando parecía que el fútbol le había soltado la mano. “No es normal debutar a esa edad”, aclara pero estaba convencido de que iba a llegar la chance. Y, un mes después de que Rodrigo se accidentara, Mostaza Merlo le abría las puertas. Es cierto, ya lo habían colgado en el ‘95 y estuvo a punto de dejar todo.

“Eso también me identificó con él: Belgrano era Belgrano y Córdoba era Córdoba aunque triunfara afuera. Pero él tuvo su premio: triunfó en todo el país”, define el hombre que también jugó en el Bolívar de La Paz.

Olave recibe otro mate. Las imágenes se le agolpan una detrás de otra. Hay un silencio previo y un recuerdo: “Me sorprendía lo que hacía arriba del escenario, manejaba a la gente de forma espontánea y Rodrigo ahí, vestido de boxeador”. Ya no hay Luna Park, sino Issis, una perra labradora chocolate que da vueltas por las sillas. Y Olave no duda: “Lo que le pasó a él me pasó a mí. Tener que lucharla, creer que no llegaba más y me identifica el no dejarse vencer. Hoy a Ulises (hermano del Potro) le pasa lo mismo. La luchó y hoy triunfa”.

Despertar y seguir. A Rodrigo lo velaron en Buenos Aires. Pero Juanca no viajó a despedirlo por asuntos laborales. Un dolor difícil de digerir. “Me quedé con esa espina”, admitió, pero todo cambió una noche. “Un día lo soñé: quedamos mano a mano en un cordón en Las Palmas y me dice ‘quedáte tranquilo que yo estoy bien’. Al mes me llega la chance de Belgrano y yo decía que si me tocaba lo iba hacer entrar a una cancha”.

Creer o reventar. En el penal de Olave (que encaminó el ascenso en la Promo ante River) la pelota dio en pecho, donde luce el rostro de Rodrigo. “En la vida siempre hay mensajes, más para los que creen. Cualquiera dirá ‘mirá lo que dice’, pero a mí me tranquilizó. Y me dijo una gran verdad: ‘estoy mejor’ y seguro allá arriba está mucho mejor que acá”, reflexiona el 1, quien critica el modo de tratarnos acá, en la tierra.

Lo cierto es que en Murcia de España también estuvo Rodrigo. Salvo en River, que por un convenio de publicidad, no le dejaban poner la foto histórica.

–¿Te gustaría que el día de mañana te recuerden como el arquero que tenía un buzo particular?

–Sin dudas. Mucha gente me conoció por el parentesco, aunque digan que yo después logré cosas. En la vida todos pasamos, no tenemos porqué quedar en el recuerdo de nadie, salvo de los familiares. La marca la quiero dejar con los logros que puedo alcanzar en el club y que me recuerden como un tipo que cuando usé la camiseta de Belgrano dejé todo lo que tenía”.

Hoy Belgrano arranca una nueva ilusión. Otra vez con él en el arco, dispuesto a todo. “El deseo y la ilusión de siempre, un nuevo comienzo me llena de nuevo”.

–¿Qué tomarías hoy con Rodrigo si se cruzaran?

–Y… él tomaría una cerveza y le acepto un vasito.

–¿Y qué pensás que te diría?

–¿Él que me diría? ‘Cuándo vamos a salir campeón, culiao’. Y yo respondería ‘paciencia, paciencia, muchacho’.

Olave de pie en el living. Flota un silencio que nadie se atreve a romper: mira a los ojos de Rodrigo en las camisetas. Se dicen algo que nadie escucha. Reír también es una forma de llorar.

¿Quién? En Murcia. Juan contó que en España, cuando llevó la imagen de Rodrigo, todos le preguntaban quién era.

De Roma y sin colores. No hay distinción de camisetas cuando se trata de dar una mano. Aunque adentro de la cancha Olave se transforma, no negocia el hecho de ayudar al prójimo.

Con esa intención, actuó en consecuencia y colaboró en las gestiones que llevaron a cabo las hermanas Oviedo, celebres hinchas de Talleres, para difundir sus pedidos de ayuda.

Cuando Maribel viajó a Roma para encontrarse con el Papa Francisco, Juanca le encargó que le haga bendecir uno de sus buzos. La hermana de Marisol, quien falleció por la fibrosis quística 2012, le hizo el favor sin dudarlo.

Una bendición que no distinguió colores de camiseta. En buena hora.

Apoyo familiar. Poniendo lo mejor está su familia. Mariela, Karina y Hernán son sus hermanos y siempre son contención. Obvio, su mujer Ariana y sus hijitos Arantza y Thiago. Una perlita: Fuego y pasión de Rodrigo y Durmiendo en tu ombligo, de Ulises, sus temas.

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