Hugo Lloris, el arquero de Francia al que Pochettino sacó de la tristeza y es el último escollo de la Argentina hacia el título mundial

El capitán galo tuvo una experiencia muy positiva con el entrenador argentino en Tottenham; posee el récord de presencias en el seleccionado y equiparó uno de Neuer

Francia fue campeón mundial por primera vez con un arquero de una personalidad exuberante, arrolladora en sus intervenciones. Fabien Barthez le imprimía elocuencia a cada una de sus atajadas. La campaña al título de 1998, obtenido como local, quedó grabada por el ritual previo a cada partido: el capitán Laurent Blanc le besaba la cabeza calva a Barthez. La superstición dio el mejor resultado.

El domingo, frente a la Argentina, Francia defenderá su condición de campeón del mundo con el mismo arquero que se consagró hace cuatro años en Rusia. El capitán Hugo Lloris ya es una costumbre como guardián de Les Bleus. Un histórico con bajo perfil, el “perfecto actor secundario” o “el capitán tímido” lo define un sector de la prensa, capaz de construir una carrera con la constancia y la regularidad de los profesionales que se toman muy en serio su trabajo.

Ese actuar consecuente con sus obligaciones lo llevó a batir un récord y alcanzar otro en el Mundial de Qatar. Se convirtió en el jugador con más presencias en el seleccionado de Francia, al llegar a los 142 partidos, dos más que Lilian Thuram. Y en la victoria 2-0 sobre Marruecos por las las semifinales, equiparó al alemán Manuel Neuer como el arquero con más encuentros en la historia de la competencia, ambos con 19. El domingo, salvo contingencia de fuerza mayor, se apoderará de la plusmarca.

Sin ser un arquero estridente y extrovertido, igual sabe llevarse los focos. Lo consiguió con dos grandes atajadas en el primer tiempo contra Marruecos. En una de ellas, sus reflejos lo impulsaron para volar hasta un palo y desviar una chilena de El Yamiq. Ahora que se acerca el tiempo de los balances y compilados, quedará como una de las grandes tapadas del Mundial.

Argentina se medirá con un gran rival, que posee un núcleo duro por ahora imbatible. Con Lloris, Raphaël Varane, Antoine Griezmann y Kylian Mbappé en la formación, Francia no perdió ninguno de los 10 cotejos mundialistas que los reunió. Tras el triunfo sobre la sorpresa africana, el guardavallas de Tottenham se refirió a la Argentina con una consideración especial: “Necesitamos toda nuestra fuerza y energía para enfrentarnos a un equipo increíble. Muy competitivo y con una de las leyendas de este deporte, Messi”. La valoración por Messi ya la había tenido en la previa del 4-3 de Francia por los octavos de final en Rusia: “Messi es único. No se puede comparar con ningún otro jugador”.

Lloris cumplirá 36 años el 26 de diciembre. Su trayectoria está marcada por la estabilidad, tanto en el nivel seleccionado, en el que debutó en 2008 y con el que transita su cuarto mundial, como en el de club, con un surgimiento en Niza, cinco años en Lyon y los últimos 11 en Tottenham.

En el club de Londres trabó una relación muy especial con Mauricio Pochettino, que llegó a considerarlo su jugador más valioso, no solo por el aporte futbolístico, sino también por lo que representaba para sus compañeros. En Francia ejerce un liderazgo sin imposturas. Así lo reconoce Kylian Mbappé: “No es un capitán que entre al vestuario a los gritos o diciendo palabrotas. Sabe hacerse escuchar cada vez que te habla”.

Para Lloris, Pochettino no fue un entrenador más. Cuando el argentino asumió en Tottenham a mediados de 2014, se encontró con un profesional desganado, deportivamente en estado depresivo y con el deseo de cambiar de rumbo. En sucesivas charlas personales, el arquero llegó a confesarle que no se sentía realizado porque a los 27 años no había ganado nada. Pochettino, con su ayudante Toni Jiménez, apeló a su poder de persuasión, trató de conectarlo con los placeres y satisfacciones que da el fútbol y no se miden por la cantidad de títulos. Necesitaba redescubrir el gusto por el que había decidido ser futbolista.

El vínculo entre ellos fue muy estrecho. Lloris llegó a ser la prolongación de Pochettino en el campo. “Es uno de los mejores del mundo”, lo elogió el exconductor de Paris Saint Germain. Juntos tampoco ganaron algún título en Tottenham -lo más cerca de la gloria fue la final de la Champions League ante Liverpool-, pero compartieron un proyecto que mereció reconocimiento.

Asumió la capitanía de Francia después del Mundial 2010, que para el seleccionado galo terminó con una fuerte rebelión interna entre parte del plantel y el director técnico Raymond Domenech. El siguiente entrenador, Laurent Blanc, le iba a dar la cinta a Eric Abidal, luego afectado por un tumor. Finalmente, Lloris heredó el brazalete que llevaron, entre otros, Michel Platini, Jean Pierre Papin, Didier Deschamps, Blanc, Marcel Desailly, Patrick Vieira, Zinedine Zidane y Patrice Evra.

“Tras el Mundial 2010 y la última Eurocopa, necesitábamos una persona con humildad y él es el ejemplo. No habla mucho por su forma de ser, pero cuando lo necesitamos, aparece”, decía por entonces su compañero Bacary Sagna. “El capitán asume sus responsabilidades dentro de la cancha y afuera. Lo más importante es ser aceptado en el grupo”, explicaba el arquero a France Football.

Su físico siempre lo acompañó, salvo cuando en octubre de 2019, en un partido ante Brighton, sufrió la fractura de un codo, en una caída hacia atrás. Fue operado y estuvo tres meses y medio fuera de las canchas, la baja más prolongada de su carrera.

Lleva su vida privada con discreción, a excepción del incidente en el que se vio involucrado un mes después de ser campeón del mundo en Moscú. Se declaró culpable cuando en agosto de 2018 conducía su automóvil en Londres y un control de alcoholemia le dio el doble de lo permitido. Debió ser ayudado a bajar de su coche, en el que había vomitado. Se le aplicó una multa de 56.200 euros y se le retiró el registro de conducir durante 20 meses.

Bajo el arco, su estilo es el de la sobriedad; el del arquero que sabe minimizar errores y del que cabe esperar un par de atajadas decisivas por partido, como hizo frente a los tenaces marroquíes. Por la Champions League, Messi, en Barcelona, le hizo un gol cuando atajaba en Lyon y dos en un encuentro cuando estuvo en Tottenham. Argentina marcó en los seis partidos del Mundial. Ahora le queda el último escollo, representado en la figura tranquila de Lloris.

Fuente: www.lanacion.com.ar

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