Pepe Santoro, un ejemplo a seguir

Su nombre es sinónimo de Independiente. Esa fue la única camiseta (mejor dicho, buzo) que vistió en el fútbol argentino y hoy, como tantas otra veces, ocupa el banco de suplentes de ese club. Miguel Angel Santoro fue uno de esos arqueros que marcaron una época, de los que se miraban para copiar.

Su nombre es sinónimo de Independiente. Esa fue la única camiseta (mejor dicho, buzo) que vistió en el fútbol argentino y hoy, como tantas otra veces, ocupa el banco de suplentes de ese club. Miguel Angel Santoro fue uno de esos arqueros que marcaron una época, de los que se miraban para copiar. Tanto que hoy es un especialista en preparar chicos para cuidar los arcos. En el club de toda su vida, donde atajó 343 partidos, Pepé ya se dio el gusto de ser el formador de distintos arqueros que al mismo tiempo han sido los dueños de los palos en las tres selecciones juveniles (Sub 20, Sub 17 y Sub 15). «Ese es el orgullo más grande», cuenta este ícono del arco.

–¿Por qué elegiste ser arquero?

–Mi papá fue arquero, aunque eso no influyó en mi decisión. El tenía un taller y enfrente había un campito donde yo iba con la pelota y todos se ponían a patearme. Y andaba bien, me revolcaba lindo. Así empecé a jugar con gente más grande y me vieron unos delegados de Independiente que me querían llevar al club. Al final, un vecino me llevó junto con Bernao, a la Prenovena.

–¿Qué te gustaba del puesto?

–Me gustaba revolcarme. Empecé en el Club Belgrano, que disputaba un torneo de Avellaneda. En un momento jugamos contra Arsenal, que participaba de ese campeonato, y jugué con Julio Grondona.

–¿Qué tipo de arquero eras?

–Sobrio, siempre que trataba de hacer fácil todo lo difícil. En el arco no hay que regalar nada, tener buena colocación y vivir el partido hablando permanentemente a los defensores. Tenés que hablar, decirles dónde pararse. Con eso no te vas del partido, estás metido. Es una cualidad muy importante.

–¿Cómo se dio tu debut en Primera?

–El primer contacto fue en el 61, en un amistoso en Villa María, Córdoba. Un año después se dio el oficial, luego de que Toriani (el titular) se lesionara. Fueron algunos partidos y volví a la Tercera, hasta que en el 63 me pusieron otra vez y salimos campeones. En el 64 me tuve que operar una de las rodillas y reaparecí en la final de la Libertadores contra Nacional, en Montevideo. Esa noche me fue muy bien, salimos campeones y tuve la oportunidad de ir a la Selección Argentina.

–¿Y cómo te fue?

–Jugué algunos partidos en las Eliminatorias para el Mundial de Inglaterra, al que luego viajé. Pero el titular fue el Tano Roma, de Boca.

–¿Cuántos títulos ganaste en tu carrera?

–Cuatro locales (63, Nacional 67, Metro 70, Metro 71), cinco Libertadores (64, 65, 72, 73 y 74), dos Interamericanas (72, 73) y una Intercontinental (73).

–¿Y cuál es el preferido?

–La Intercontinental porque ésa copa es la consagración de todo jugador. Fuimos de punto a jugar a jugar contra la Juventus en Roma porque ellos no tenían fecha para disputar la revancha y, entontes, Independiente aceptó definir con un solo partido allá. Ganamos 1-0, con el famoso gol de Bochini, luego de la pared con Bertoni. Fue de esos partidos que te quedan grabados porque le duele a los contrarios. También guardo un lindo recuerdo de la Libertadores del 64 porque fuimos los primeros argentinos que la ganamos, encima superando al Santos 3-2, en maracaná y después de arrancar 0-2.

–¿Cómo te llegó el retiro?

–Yo estaba en España, tenía un año más de contrato con el Hércules y Pastoriza me quería para Independiente. Volví, empecé a entrenarme y un día me dijeron «qué bien estás». Eso me cayó mal y decidí no jugar más. No me gustó, me sonó mal y de un día para el otro no fui más. Fue en el 77, yo ya tenía 36 y cuando tenés cierta cantidad de años, la gente piensa que venís para robar y no quería tener esa sensación. Entonces, la imagen que guardo es de la despedida en un clásico con Racing, antes de irme a España, cuando sobre el final me reemplazó Carlitos Gay y me aplaudieron de las cuatro tribunas.

–¿Y enseguida te volcaste a ser entrenador de arqueros?

–No, tuve un paso como director técnico, después me alejé un poco del fútbol y en el 99 empecé con los arqueros, cuando Trossero agarró Independiente y me llamó. Me gustó la idea porque en España había trabajado con un entrenador de arqueros y sirve mucho. Hay que conocer porque es un puesto muy específico, no es como un puesto de campo.

–¿Cuáles son los secretos?

–Algunos de los fundamentos esenciales para el puesto son la bisectriz para achicar ante el delantero, manejar los perfiles para salir, la ubicación, la postura del cuerpo detrás de la pelota, dominar bien el juego aéreo y las dos piernas. Antes te tiraban la pelota para atrás y la levantabas con la mano, tenías que saber pegarle de arriba. En cambio ahora hay que responder apenas te llega. Por eso digo que hoy, el del arquero es el puesto más completo del equipo porque debés dar gran seguridad con las manos y también tenés que saber jugar con los pies.

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