ANDRADA

Salía a la cancha todo vestido de negro al estilo Lev Yashin. Buzo, pantalón y medias; sólo cortaba la monocromía un par de rodilleras blancas que, al primer revolcón quedaban también negras. Las canchas, antes, casi no tenían césped en las áreas chicas.

Andrada fue un modesto muchacho nacido y criado en el barrio de Tiro Suizo, Santa Fe (Argentina). Allí nacía su pasión por el deporte. Empezó jugando al básquet en el Club Atlético Olegario Víctor Andrade (lo hacía muy bien) y luego se dedicó a su gran amor: el fútbol.

Se fue a probar a San Lorenzo, pero por algún motivo regresó y encontró el camino que lo depositaría en Arroyito.

Se recibió de ídolo en Rosario Central. Jugó allí alrededor de nueve temporadas consecutivas como titular indiscutido.

Fue uno de los mejores jugando tanto para los «canallas» como para la Selección Argentina. Un monstruo bajo los tres palos y un ejemplo como jugador profesional (nunca faltó a una sola práctica). Poseía un gran talento, transmitía una gran seguridad y daba la impresión de invulnerabilidad.

Conservó siempre una excepcional capacidad física que sumada a su conducta ejemplar como profesional le permitió seguir jugando en Primera División hasta después de pasados los 40, sin perder sus extraordinarias condiciones para el puesto.

Además se destacó en el Vasco da Gama donde atajó aproximadamente una década. Al igual que en Rosario allí fue ampliamente reconocido por los hinchas cariocas. Vale la pena mencionar que en un partido contra el Santos «El Gato» le detuvo un penal nada más y nada menos que al «Rey» Pelé.

De todas formas la anécdota también cuenta que recibió el gol número 1000 de Pelé.

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